Columna de Opinion - Mujer de 30: ¿Se acuerdan de “Maria de Nadie”?

Publicado por el 8 junio, 2011 - 1 comentario
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Mi versión casera de "choclos rallados en pure con ají"

La primera vez que me senté a comer en un restaurante porteño casi termino a los golpes con el maitre. Es que yo, una simple provincianita que cual “María de Nadie” había llegado a la gran ciudad con una mano atrás y otra adelante y un modesto bolsito de ropa, no entendía como a una simple ensalada de lechuga y tomate de parrilla le podían poner de nombre “suave mix de hojas verdes salvajes con tomatitos cherry al aceto” y cobrártela 50 pesos (de 2003)!!!.

Me tomó unos cuantos meses, y varias peleas con mozos, entender que acá, en materia de menú, tenía la mayor dosis de creatividad jamás vista!!! Y que, salida de una provincia llana adonde el plato más refinado era el  Vittel Thone, tenía un par de cosas que aprender para convertirme en una gourmandise refinada y no hacer pasar vergüenza a mis compañeros de mesa en mis eternas disquisiciones sobre porqué al famoso postre vigilante quieren ponerle algún nombre francés impronunciable.

Así, tras meses de arduas investigaciones por Palermo Hollywod, descubrí que “suave colchón de verdes” era el famoso mesclún de lechuga y espinaca, que “acordeón de papas con crema al graten” no era más que la vieja tortilla de papas de la vieja, y que las “verduras nadando en agua condimentada con comino y pimienta” era la vieja sopa del domingo a la noche hecha con sobras de la semana. Ni hablar del “colchón de manzanas con canela crocante”, que era la viejísima tarta de manzana que mi mamá nos enseñó a cocinar con la receta del libro de Lidia!!!

Otro tema para mí fue aprender a pedir sin parecer una pajuerana. Platillos tradicionales de mi infancia y adolescencia, como la famosísima “Rusa con matambre”, el nunca bien ponderado “Bife a caballo con fritas”, el eterno y ultracalórico “Imperial Ruso” y el más Light “Isla Flotante”, que solía pedir en mis pagos, resultaban acá tan pasados de moda como los jean nevados o los flequillos punk, y provocaban expresiones de horror de parte de mis compañeros de mesa. Así que con gran esfuerzo aprendí a pedir “Ensalada Capresse”, “Milanesas de Calabaza con arroz integral”, “Niguiris y “Pollo a la Tandoori”, platillos que aún hoy son inencontrables al Norte de Córdoba.

Luego de esta breve reflexión, los dejo. Un exquisito “Jamón rosado de Parma y Gruyere con huevo Poché envueltos en masa fila” me espera en casa y por nada en el mundo me pierdo mi vieja y querida tarta de jamón y queso!!!

Mechi.

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