Belleza - No existe el copy-paste

Publicado por el 8 agosto, 2011 - Sin comentarios
Categorias : Belleza , mujer de 60 | Tags :

TEMA DEL DIA: Belleza: Amigate con tu cuerpo

Aunque parezca mentira, recién a los 12 años empecé a tener conciencia de la belleza física de las mujeres. Para mí, todas estaban bien, salvo que, como la telenovela “Betty, la fea”, se distinguieran por una extrema carencia de atractivos.

Fuente Imagen: image.toutlecine.com/

De la belleza masculina tenía una noción mayor porque ya desde los 5 me gustaban naturalmente unos cuantos chicos, especialmente si tenían flequillo, como mi primo Juanchu, (a mis hermanos los peinaban con raya al costado…) u ojos celestes (como mi vecino Mincho), o las dos cosas. En lo personal no me preocupaba demasiado,  no me importaba mi cara, a no ser que me dijeran que tenía una nariz divina, respingadita como la de no sé quién. Lo que no me gustaba era el entrecejo que se me juntaba en el medio, mamá lo llamaba “ las cejas Lagarrigue” por el famoso modisto de aquellas épocas, que tenía dos cejas que formaban casi una sola. Pero yo me animaba a dejarlas así, a  excepción de un día en que sacamos la crema de afeitar y la maquinita del padre de Teresa y pensé en probar algo nuevo… El papá entró al baño justo justo cuando terminábamos de embadurnarnos con la brocha… y nos salvó del lío que se armaba si nos pasábamos la gillette por la cara.
En el tema de los cánones de belleza me iniciaron (una vez más…) mis amigas, mi mamá y mis tías. Ellas me hicieron abrir los ojos y aprender lo que significa ser linda o fea,  porque yo era más aérea y soñadora que una alondra. Así me fui enterando de que existía el talle largo o corto, las piernas muy largas o muy cortas, las mujeres “caderonas”, “ojerosas”, de “boca de pajarito” o de ojos “rasgados”, y me paré frente al espejo para observar en qué categoría me encontraba, si es que había categoría para mí.  Después vino la adolescencia y mi encandilamiento por las beautys de ese momento, tanto las de ficción como las otras, y ¡a meterle con el copypaste! A buscar la mejor copia posible de LAS LINDAS.  Si LA LINDA tenía un lunar bajo el ojo, yo me pintaba  uno idéntico con delineador, si LA LINDA usaba una peineta de carey que le sostenía el batido, yo también. Si LA LINDA iba a la fiesta con un vestido bordado con perlitas, yo le pedía a mamá que me llevara a la modista para hacerme un vestido parecido…
Los años pasaron y me di cuenta de que Alicia, (o sea yo), se parece a muchas, con el perfil de una, la boca de otra, la mirada de otra más, pero que ALICIA NO TIENE DUPLICADOS. Me parece que esa es la clave de la belleza. No hay reproducciones de ninguna de nosotras, somos así como somos.

Alicia.

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