Columna de Opinion - Mujer de 60: La ruta de los objetos imprescindibles

Publicado por el 13 septiembre, 2011 - Sin comentarios
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Hay montones de cosas de las que podríamos prescindir, empezando por toda la variedad de artículos de limpieza en crema, líquido o spray que se venden como auténticamente “exclusivos” para cada tarea dentro del hogar, y que puestas a pensar un momento, vemos que se podrían unificar en uno o dos nada más. Valga un ejemplo, (hay muchos): el Cif, gran compañero de quehaceres domésticos que me traigo a casa en forma de crema baño, crema cocina, gel (para que dure más tiempo en la esponja), vidrios y multiuso, etc. Me doy cuenta de que con uno solito me podría arreglar lo más bien. ¿Un Cif y un detergente no son suficientes para casi toda la limpieza de la casa? Algo parecido ocurre con todo el rubro de champúes y cremas de enjuague… Cada día hay más y más novedades. ¿Serán tan distintas al producto que uso siempre?
En lo puramente personal, podría (tendría que?) librarme de la acumulación de papeles que guardo porque me traen mucho placer cuando los releo (recortes, notas, diarios y revistas viejos, cuadernos que usé en las decenas de cursos que he hecho en mi vida, folletos y programas de teatro de todos mis viajes, catálogos e invitaciones de galerías de arte, y más… mucho más…).  También debería  desprenderme de adornos que me han regalado y tantas cosas que guardo para disfrazar a mis nietas en cuanto crezcan (cajas con bijouterie de todas las épocas, artículos de maquillaje de cualquier origen, cotillón divertido, bolsa llena de anteojos y hasta tarjetas de crédito o seguro médico vencidas, para cuando juguemos a ser señoras que salen a comprar… y más… mucho más…). Hace apenas dos meses que aproveché mi mudanza de una casa a otra para despojarme de una gran cantidad de cosas guardadas, desde ropa hasta la mitad de los libros de mi biblioteca, lo que significó toda una despedida. Pero sigo pensando que hay muchas cosas de las que podría prescindir.
Por ejemplo: el diario de la mañana, para mi familia y para mí, un GRAN amigo, pero reconozco que cuando todos salimos corriendo temprano, apenas lo miramos, algunos apenitas lo leen de pie, otros ni siquiera… Yo prendo la radio mientras me ducho y luego me subo al auto y sigo escuchando todas las noticias del día.. En consecuencia al volver a casa ya me enteré de una buena parte del contenido del diario. Hay más cosas que tengo guardadas en los cajones y son bastante prescindibles:  el centímetro, que podría reemplazarse con cualquier regla.  Están también los pañuelos de género, me encanta verlos pero aprendí a reemplazarlos por los carilina, más que nada para ahorrarme el  trabajo de lavarlos y plancharlos…

Fuente imagen: radio.studio92.com

Pero lo que no podría aprender nunca, creo, es CÓMO VIVIR SIN mi lima de uñas, sin mi manteca de cacao para los labios, mis lapiceras, mi agenda y mi libretita, mi peine, un espejo y mi crema de manos. Se trasladan de cartera en cartera junto a los anteojos, los de sol y los de lectura. Todos, a excepción de la agenda y los anteojos ahumados, tienen su copia exacta en el cajón de mi mesa de luz, porque NECESITO VERLOS cerca de mí cuando me voy a acostar. Hace unos años, con dos amigas hicimos una lista de las cosas que nos llevaríamos en caso de tener que instalarnos en una isla desierta. Poco cambiaron mis necesidades desde entonces. En mi ruta de objetos indispensables puse los que nombré y los libros, la música, algunas cosas del quiosco (otra necesidad importante… soy adicta a los dulces…) y un telefonito para comunicarme. Ni más ni menos que lo que elegiría ahora, además de un buen colchón…

Alicia   @Mujerde60

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