Columna de Opinion - Mujer de 40: Crónica de un robo

Publicado por el 21 julio, 2011 - Sin comentarios
Categorias : Columna de Opinion , mujer de 40 | Tags : , , , ,

Febrero de 2011, volvía de trabajar con la suerte de saber que tenía el resto del día libre. Mientras escuchaba música, pensaba en la tarde al sol que me esperaba por delante sin trabajar, atender teléfonos o leer mails. Impecable, con pollera y tacos, me bajé del colectivo y blackberry en mano me llega uno de esos mails bomba atómica que o respondés o te echan.
Mientras tipeaba, un tipo pasa por al lado mio y me saca el celular de la mano. Lo peor es que tardó unos cinco segundos de más porque se frenó, me miró y después empezó a correr. Ah no! Conmigo no! En esa situación cualquier persona normal deja que se lleve el teléfono para no enfrentar al ladrón, pero la normalidad no es algo recurrente en mi forma de ser. Cuestión que al grito de: “Devolveme el teléfono, chorro” empecé a perseguirlo en tacos.

La gente al escuchar los gritos empezó a gritar también. Mientras lo perseguía escuchaba los alaridos de una señora que alertaba a la gente de la situación, media cuadra corrida y cuestión que al ladrón se le sale una zapatilla, frena pero vió que venía corriendo Yo poseída y siguió su camino sin saber -para sorpresa mía también- que en ese barrio la gente le hacía frente a los robos.

Un taxista subió su auto a la vereda y quiso parar la huida, pero él dio vuelta y empezó a correr para mi lado, lo manoteó pero no lo alcanzó. A esa altura sentía que me explotaban las piernas porque los taquetes estaban surtiendo efecto. Una cuadra después y mientras bajaba la velocidad entre el griterío de la gente me di cuenta que no lo iba a alcanzar. Me paré en seco. No podía creerlo.

Pero de repente veo un tumulto y unos señores haciendo señas. Parece ser que los gritos de la gente alertaron a unos obreros que salían de un edificio y al ver correr al ladrón, ni lentos ni perezosos, taclearon al chorro, lo tiraron al piso y uno se sentó encima con mi teléfono en la mano. No sabía cómo agradecerles, encima en los negocios mucha gente se ofreció a salir de testigo y me fui con uno en patrullero. 

Debo decir que tengo un humor especial para estas cosas y el asunto de viajar en patrullero fue más emocionante que el hecho de atrapar al ladronzuelo. Es más, de la buena onda prendieron la sirena y todo… aunque después se puso raro porque el oficial me pidió el teléfono… asumo que con intenciones non sanctas (ay! los hombres en uniforme!).
Cuando llego a casa llamo a mis viejos quienes fueron los únicos que no se sorprendieron por mi reacción -porque saben que a esta altura no cambio!! Lo más gracioso es que al día siguiente y un poco preocupado viene papá con un regalo: – “Tomá, es un gas pimienta, ya que vas a perseguir gente por lo menos hacelo cuidándote”.

Me dejó sin palabras y juro que me arrepiento de la corrida, pero no puedo evitarlo, es más fuerte que yo, así que ahora ando por la vida con el teléfono en la cartera y el gas pimienta en la mano!

Male

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