Familia - Las hermanastras x 2

Publicado por el 20 julio, 2011 - 2 comentarios
Categorias : Familia , mujer de 60 | Tags : , , ,

Única cuñada de cuatro mujeres y encima casada con el hermanito menor… bastante menor.  Creo que nada temí más que mi primer encuentro con “LAS CHICAS”. Tanto, que conocer a mis suegros fue un paseo.  Ella, siempre generosa y discreta, y él, teniendo tantas otras a quienes mimar, me recibía con bandeja llena de cosas ricas cada vez que iba a su casa.   ¿Cómo me ven?

Fuente Imagen: fotolog.com

Debo reconocer que lo que sí me ayudó fue la gran diferencia de edad. Nosotros estábamos más cerca, generacionalmente, de los sobrinos más grandes que de ellas, por lo tanto, si bien estaban bastante atentas a lo que hacía o dejaba de hacer creo que pude sortear TODAS las pruebas con bastante éxito. Si se ponían un poco pesadas con una u otra cosa, tenía en las hijas de cada una (mis “sobrinas”) aliadas INCONDICIONALES. Como ellas las sufrían también en carne propia enseguida salían en mi ayuda si las oían hacer algún comentario negativo.  Coincidirán conmigo en que es muy difícil contentar a personas exigentes y encima peor si la exigencia se multiplica por cuatro (¡!).  En un principio se tomaron el rol de cuñadas con responsabilidad y esmero. Por lo tanto, cuando empezamos a preparar nuestro casamiento  todas opinaron, por supuesto, sobre donde teníamos que hacer los partes, el lugar para hacer la fiesta, el tipo de comida y…  sobre mi vestido. Temblaba cada vez que se anunciaban en las pruebas porque como sabían coser eran muy criticonas con la hechura, daban indicaciones todo el tiempo y yo … me moría de vergüenza, mientras mi propia madre suspiraba con resignación.  “¡Querida!,” me decía la modista, “¡tus cuñadas parecen las hermanas de cenicienta! ¿Hoy también nos visitan?”.

Más tarde, cuando mis hijos nacieron, también se sintieron en la obligación de orientar su crianza y educación. Iban desfilando con sugerencias sobre a dónde ir y no ir, jardines, colegios, qué comprar y qué no,  etc. etc. A esta altura debo aclarar que sus intenciones eran muy buenas pero… ASFIXIANTES. Sí me enojé una vez que retaron a uno de mis chicos en público. Pero para entonces su propio hermano ya había dejado en claro cuáles eran los límites del cariño. Bastaba una mirada y el ceño fruncido de su hermanito adorado para que las cuatro dieran marcha atrás en las distintas sugerencias.

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