Hogar - El bueno de Roberto

Publicado por el 22 junio, 2011 - 1 comentario
Categorias : Hogar , mujer de 30 | Tags : , , , ,

TEMA DEL DIA. Hogar: Manualidades

Mi hermana mayor, Luciana, es una especie de as de las manualidades. En su currículum acumula destrezas tales como saber soldar, haber cosido y colgado ella sola (con barral incluido) las cortinas de su casa, haberse hecho los ajuares de todos los bebés y saber arreglar casi cualquier desperfecto eléctrico. Es tan fanática que cuando se casó, las amigas en vez de regalarle coladores, cucharas, batidores y esas yerbas, le dieron una mega caja de herramientas.

Fuente Imagen: labolsa.com

La mujer perfecta, según mi novio, que apenas se da maña para cambiar el cuerito de la canilla. Durante algún tiempo, pensé haber heredado las habilidades de ella. Me colgué sola los cuadros de mi casa, armé el tender y un mueble de esos de caño móviles, y hasta instalé un dvd. Me doy algo de maña con la costura (lo básico) y pegué varias suelas de zapatos con poxiran y clavitos chicos.

La verdadera prueba de fuego fue en 2007, en mi cuarta mudanza. Chocha de la vida, luego de haber visto miles de ediciones de ese programa de Easy en el que te enseñan a hacer manualidades, fui al hipermercado en cuestión a buscar mi primer desafío de arreglatuti: una biblioteca armable, medio ordinaria pero muy práctica, de madera color claro. Casi reviento de la felicidad cuando paso por la línea de cajas armadas de la biblioteca, desarmada obvio, en una caja, y varios martillos, destornilladores y clavos de varios tamaños. Cuando desarmé el paquete en casa  estuve a punto de llamar a mis amigas para festejar que iba a armar mi primer mueble.

Cuatro horas y media después (no exagero), el panorama era bastante distinto. Había pedazos de madera dispersos por la casa que no parecían encajar, como en un rompecabezas muy difícil. Los pitutos de madera que supuestamente servían para sostener los ensambles, no entraban en los agujeritos. Mi cabeza era un gran lío por las indicaciones del manual de armado.  Mi supuesta habilidad para la carpintería era un gran y mentiroso mito, como el Aleph, o el duende de la siesta. Fue la gran desilusión de mi vida, mucho peor que cuando a los 20 mi primer amor me dijo que sólo estaba conmigo porque no tenía nada mejor a mano…

Desde ese día y esa gran desilusión, llamo a mi portero, Roberto, para todos los arreglos sofisticados. Pero cada vez que voy al super y paso de costado por el Easy y veo la pizarra con los horarios de los cursos de ensamblaje de madera, plomería básica y demás, me invade una tentación tremenda. “Algún día, yo también voy a ser hábil y talentosa como mi hermana”, me digo, dándome ánimos, imaginando todas las maravillas que podré hacer para mejorar mi casa y la de mis amigos… Pero hasta que ese día llegue, está el bueno de Roberto.

Mechi.

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