Hogar - Aprender a soltar y guardar en el corazon

Publicado por el 16 noviembre, 2011 - 4 comentarios
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TEMA DEL DIA. Hogar: Crónica de una mudanza anunciada.


Hace cuatro meses me mudé de casa y tuve que comprimir en un espacio más chico lo que ocupaba mucho más lugar. Como las hermanas de Cenicienta tratando de meter sus pies en aquellos delicados zapatitos, intenté ubicar las cosas en una superficie imposible, pero me rendí; entonces tiré, regalé y doné todo lo que pude, empezando por varios muebles y electrodomésticos hasta ropa de cama, acolchados, almohadones, frazadas, toallas y valijas repletas de ropa de toda la familia, los que ya se fueron a vivir a otros sitios y los que todavía quedaban pero pensaban mudarse.

Fuente Imagen: visualphotos.com

Desprenderme de una buena cantidad de libros de las cuatro bibliotecas me costó trabajo y decisión. Si hay muchas lectoras entre ustedes, no tengo que explicarles demasiado lo difícil que es separarse de un libro; cada uno tiene una razón para quedarse. Pero todo avanzó si prisa ni pausas al compás de un latiguillo que me repetí cien veces : “ Hay que aprender a soltar…”.

Encima, en casa estamos divididos en dos grupos: los que preferimos empezar a limpiar con mucha anticipación y los que dejan la movida para el final. Estos últimos generalmente tiran todo lo que les molesta, no piensan demasiado si volverán a necesitar alguna de las cosas que van a la basura porque ¡quieren terminar pronto! Uno de ellos llenó al máximo seis o siete bolsas de consorcio negras repletas y para que nadie mirara lo que había tirado, las puso en la calle… De la bolsa colgaban variedad de cargadores de celulares, excelentes linternas (a la basura porque no tenían pila…), cientos de artículos de medicina (cuellos, vendajes, muñequeras, elementos de laboratorio y hasta un aparato de tomar presión en inmejorable estado), entre otras cosas que para mí eran tesoros. El personaje en cuestión (que voy a mantener en el anonimato para que no se me ofenda) es muy despojado y sus argumentos fueron: “Hace mucho que no se usa” o “Ya fue reemplazado por otro”, pero ¿no se podían regalar el globo terráqueo, un serrucho grande y tantas otras cosas útiles que rescaté?

Los del otro grupo perdemos tiempo en separar y guardar en cajas o bolsas con nombre y destino porque no nos gusta que algo se desperdicie. Lápiceras y lápices, gomas, reglas, cuadernos achicados después de sacarles las pocas hojas usadas, cartucheras: una bolsa igual a ésta se había regalado en la última mudanza, pero volvió a crecer. Cuadernos de los chicos con dibujos alucinantes, cuentos maravillosos escritos por ellos a los 5, los 6, los 7, los 8 y así hasta el final de la secundaria… Este apartado también ya se había limpiado en la mudanza anterior y solamente teníamos una selección, pero ahora sus dueños no tienen lugar en sus nuevos domicilios.

¿Qué hacer? Muchos piensan que las cosas deben guardarse en la memoria, y que no tiene sentido encerrar en cajas recuerdos que se verán a lo sumo dos veces al año. ¿Para qué ocupar lugar en los roperos si el corazón tiene un espacio infinito para acumular todo lo que nos gusta? ¿Ustedes, mujeresdemiedad, qué opinan?

@Mujerde60

 

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