Columna de Opinion - La mesa de al lado

Publicado por el 24 agosto, 2011 - Sin comentarios
Categorias : Columna de Opinion , mujer de 40 | Tags : , , ,

Toda la vida estuve pendiente de lo que pasaba a mi alrededor. Hace unos cuantos años atrás salí a tomar un café y sin darme cuenta me encontré prestandole atención a lo que pasaba en todo el restó. Los que me conocen saben que de chusma tiene poco esta actitud, más bien es de dispersa. Un día estaba tomando el té con las chicas y me encontré prestándole atención a lo que pasaba en la mesa de al lado. Un tipo tenía una pelea enorme vía celular con su novia. El pobre chico le decía que él iba a cambiar, que le diera una oportunidad y tenía los ojos llenos de lágrimas. Mientras observaba la escena, Ine me dice: “Ey, Male, en dónde estás. Les estoy contando lo de Fulanito”. Me quedé muda porque no sabía ni quién era fulanito. Obviamente se enojó pero cuando les expliqué por qué me había ido de la charla, lo entendieron. Bastaba con ver al chico para darse cuenta.

Fuente Imagen:maryvarsharajanphotos.wordpress.com

La cosa es que nos amargamos de ver al pobre chico mal, hasta que Ana, con la poca sutileza que tiene, lo invitó a nuestra mesa. Imaginen la situación. Tres mujeres de 30 invitan a su mesa a un chiquitin de 20, deprimido y lloroso para hacer terapia. Y el chiquitín acepta. Ahí nos contó que la novia lo había engañado porque él “era demasiado bueno”. Y le estaba diciendo que podía cambiar, que podía ser “un poco más malo”. Tratamos de hacerle entender que él no tenía que cambiar eso, que su novia (de dos meses) no lo sabía valorar y que obviamente iba a conocer a alguien que lo quisiera tal cual es. Todas sabemos que estas cosas se dicen pero cuando las escuchás no las crees ni un poquito, porque estás mal, triste y con ganas de estar echado llorando. Lo cierto es que después de media hora de charlas, de cuentos de cómo cortamos nosotras, de historias tristes y divertidas, le sacamos una sonrisa y se fue más aliviado. Nunca supimos qué pasó con él y nos quedamos con la sensación de haber hecho la buena obra del día. Eso sí… desde ese día cada vez que nos juntamos decimos lo mismo: “Fijate que en la mesa de al lado no haya nadie!”

Male. @Mujerde40

 

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