Columna de Opinion - Mujer de 30: Mi Amor por la Cocina

Publicado por el 22 agosto, 2011 - Sin comentarios
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No hay lugar más importante y significativo para mí en una casa que la cocina. La cocina es para mí un laboratorio único de ideas e inventos; un lugar adonde se pasan miles de buenos momentos y se comparten anécdotas, y muchas veces, adonde intercambiamos secretos y buenas noticias.
Mi amor por la cocina nació cuando era chiquitita, y mi mamá me sentaba en la mesada de mármol a verla cocinar. Yo era muy preguntona, así que para entreterme ella me usaba de asistente para hacer galletitas, y mientras, me contaba historias de mis abuelos, de mi papá. Mi primer sensación de hogar viene de esa cocina.
Con los años, se volvió el club de las mujeres de la casa. Allí nos juntábamos a preparar la comida del domingo, y mientras cocinábamos, les contaba a mis hermanas y a mi mamá la salida del día anterior, qué chico me gustaba, qué me había pasado en la semana. Si alguna había tenido un casamiento, nos perdíamos en detalles de cómo había sido la fiesta, el vestido, la madrina, la comida, etc. Por supuesto, la entrada de los hombres estaba vedada!
En la cocina me enteré, cuchicheando, la primicia del casamiento de mi hermana, del embarazo de mi primer sobrino, de que me habían aprobado para entrar al master, que me iba a Buenos Aires, y recibí esa ansiada invitación del chico que me gustaba. Allí compartimos miles de té con mi mamá, mis abuelas, mis amigas, comentando novedades de la familia. Allí también aprendí las clásicas recetas heredadas, como el dulce de membrillo del abuelo, las galletitas en forma de flor de mi abuela, el apple crumble de mi mamá y los incomprabales sanguches completos de mi papá de los domingos a la noche. En ese lugar también, nos juntábamos con mi hermano, otro cheff  frustrado como yo, a preparar ravioles con rellenos extrañísimos y dárselos a nuestros amigos, que siempre se prestaban felices a los experimentos.
Hoy, ya viviendo sola, trato de recrear en la cocina el ambiente tan lindo que tenía la cocina de mi casa natal. Entre cacerolas, cucharas y un horno diminuto voy mezclando los ingredientes e inventando una nueva combinación para dar a luz a los platos con los que sorprenderé a mis invitados. En este lugar logré la proeza de hacer mis primeras empanadas norteñas y mi primer rogel casero.
Y en el lugar de honor de mi querida cocina, está el mejor regalo que me pudieron haber hecho en mi vida: la pastalinda para hacer raviones y tallarines, regalo especial de mi mamá para mis 30!

Mechi. @Mujerd30

 

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