Columna de Opinion - Mujer de 30: Quasimodo invernal

Publicado por el 11 julio, 2011 - 4 comentarios
Categorias : Columna de Opinion , mujer de 30 | Tags :

Cuando llega junio, suele operar en mi persona un cambio similar al de Quasimodo, el jorobado de Notredame, París. Esta criatura sonriente y normalmente feliz que saluda a todo el barrio se empieza a transformar (al mejor estilo HULK) en un mounstro irritable de piel color gris papa que, bajo centenares de capa de sweaters y medias de lycra que tapan y deforman su fisonomía, gruñe por el aire helado que corta la cara.
Así, de ser una persona altamente sociable y salidora, me encierro en una cueva como si fuera un ermitaña. En mi cueva invernal, adonde hay de 2 a 3 frazadas de polar y calefacción 24 horas, hay suficiente provisión de calorías para mantener vivo y calentito a todo un ejército con sus familias incluídas.
Mi heladera también se metamorfosea y pasa a convertirse en un reservorio de comida de alto voltaje, a saber: sopas crema quick para calentar el cuerpo al llegar de la calle; toneladas de té y café para las tardes; polvos para preparar brownies, lemonies y tortas de chocolate; galletitas de todo tipo, carne en cantidades industriales, y varios kilos de papa y banana. Obviamente, con semejantes provisiones, el invierno me deja unos cuantos kilos de más, pese a mis fútiles intentos de compensar las calorías agregadas con varias horas más de gimnasia en los meses helados.
Mi vida social también sufre bastante por la llegada del frío. Evito todo lo que puedo las salidas, a menos que sean a un lugar cerrado; le huyo a los casamientos al aire libre; nunca como en las mesas de afuera de los bares y en general, trato de mantener mis actividades sociales en el ámbito de mi casa, adonde yo manejo el nivel de calor de la estufa. La única vez que rompí mi ostracismo invernal, para el cumple de mi hermana (que tuvo la poco feliz idea de hacer un picnic al aire libre en pleno julio), casi perezco de una neumonía (como el 90% del resto de las invitadas, debo aclarar).
Mi estado de Quasimodo invernal empieza a disiparse cerca de fines de agosto. Ahí empiezan a caerse las capas de piel,  y reaparecen las mejillas sonrosadas y la sonrisa que me acompaña en épocas de clima benigno, y las ganas de salir a todos lados.  Lo único que guardo por las dudas, bien escondidito, hasta bien entrado diciembre, es una frazada, porque a los seres friolentos como yo les cuesta abandonar la opción de estar bien abrigaditos!!!!!!!

Y ustedes, mujeresdemiedad, ¿cómo viven el invierno?

 

Mechi.

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