Columna de Opinion - Mujer de 50: ¿Cómo se hace para poner límites?

Publicado por el 26 agosto, 2011 - 7 comentarios
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“¡Mañana viene Cindy a comer!”, gimió hoy Liz por teléfono. Cindy es … la mujer de un amigo. Su verdadero nombre es Ana pero como no lo considera suficientemente glamoroso se puso Cindy, que tiene  onda hollywoodense.  Las idas de Cindy tienen sus bemoles porque no aparece sola con su marido sino que siempre llega con Jazmin, que se pronuncia “Yázzzmin” como la novia de Aladin, que es su hija de 4 años.  Por favor, tomen nota de la pronunciación porque si no ella se encargará de corregirlas hasta que les salga. Igualita a la profesora de francés de ese  aviso de … no me acuerdo…¿el nombre de un vino?,  les diría:  “Repetez avec moi, Yáázzzzz…min”

Fuente Imagen: sugarandink.net

Jazmín no se quiere ir a  dormir, no se quiere vestir, no quiere ni lavarse los dientes ni comer frutas y verduras y tampoco irse de las casas de sus amigos cuando la mamá la va a buscar. Básicamente lo de cualquier chico. El  punto es que la madre todavía no se enteró de que para casi la mayoría de las cosas importantes, sino todas,  un chiquito de cuatro todavía no puede opinar… simplemente porque no tiene ni idea sobre lo que opina. No se le puede preguntar, como hace la mamá de Jazmín: “¿No querés comer en la cocina, no es cierto? Vos querés comer acá con todos nosotros, ¿no?”, cuando el resto está tratando de ordenar el tráfico de infantes y redireccionarlo hacia lugares más seguros.  Lástima que ese lugar donde LA MAMÁ  quería que comiera era, ni más ni menos, que en el sillón color crema – recién tapizado –  de mi amiga, que no podía dejar de sufrir mientras veía a la chiquita haciendo equilibrio con la torta de chocolate. Hasta que por supuesto pasó lo inevitable, la torta cayó, el sillón se manchó, Jazmín berreó y encima hubo que decirle que no se preocupara que TODOS sabían que no había sido a propósito.  “Lo de la chica no, lo de la madre, sí”, farfullaba el dueño de casa mientras mi amiga lo codeaba.
¿Qué nos pasa a los padres que no podemos ponerles límites a los chicos? ¿Por qué nos cuesta tanto decirles a los adolescentes que si van a hacer un preboliche en una casa tengan la decencia de comportarse como personas civilizadas y reaccionen cuando se moja el piso de parquet  o  la mesa de madera,  cuando se rompen cosas, o cuando ven que el amigo no usa cenicero o mancha la cortina con Fernet y Cocacola?  Una vuelta mi casa fue tal el desastre –toda la evidencia de la borrachera desparramada por el toilette por ejemplo- que empecé a delirar yo: “¡Y encima tus amigos me dejan escupitajos en el espejo!!!!!”,  acusé totalmente desquiciada. “¿Mamá, de qué hablás??”, retrucó. Efectivamente cuando fuimos por la prueba del delito comprobé que el espejo chorreado obedecía no a lo que yo presumía, sino al limón que chupaban después de la sal y el tequila.  Aprendí el proceso esa noche. Ahora, de qué manera los chorros de limón llegaron al espejo todavía no logro entender. Si de algo me sirvió su desprolijidad fue para enterarme que ingieren mis angelitos con sus amigos. Y esta vez a diferencia del sillón de mi amiga, la limpieza fue más sencilla y económica pero de todos modos creo, que podemos tratar de evitar los desbordes y que probablemente el origen de todo se dé a los cuatro años de Jazmín.

Mariana. @Mujerde50

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