Columna de Opinion - Mujer de 60: Las cosas que no cambian NUNCA

Publicado por el 9 agosto, 2011 - 4 comentarios
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Habiendo pasado lúcida y victoriosa la barrera de los 60, puedo afirmar con cierta autoridad que hay cosas que NO CAMBIAN NUNCA.   Mañas, taras, imposibilidades rotundas… pasan los años y siguen ahí, muchas de ellas incluso se agudizan año a año. En mi caso, por ejemplo, hice mil cursos de inglés hasta entender que lo mío es indefectiblemente el francés, o el italiano, o hasta el portugués. En fin, lo latino. ¡Pero no puedo con lo sajón! Las risas de mis hijos cada vez que pronuncio alguna palabra en inglés, exageradamente marcada según ellos, me llevaron a declinar en mis intentos de hablarlo. Apenas los elementales chapuceos… So sad!

También siguen conmigo, como compañeros de ruta, esos pequeños vicios de los que me avergüenzo desde siempre, pero que con los años se volvieron ya parte de mí (o más bien de mi sombra, como diría Jung). Dejar alfajores, chocolates y hasta postrecitos de dulce de leche debajo de mi cama, bien a mano, para zambullirme a medianoche a comer mientras leo, es una costumbre que, de tan arraigada, me costó identificar como un defecto. Hoy arranco el ritual con los primeros ronquidos de mi compañero. Hace muchos años empezaba cuando mi hermana apagaba la luz.

Fuente Imagen: es.123rf.com/

Como me gusta el café bien amargo, todos los saquitos de azúcar y sacarina que acompañan los cafés que pido en los bares, me los llevo…También los jabones y champús de los hoteles, las medias de los aviones… desde hace por lo menos cuarenta años. (Sé que no sirve de nada dar explicaciones, pero el hábito de los saquitos de azúcar surgió de un grupo de voluntarias de hospital que los necesitaba para endulzar el té de las mujeres que habían dado a luz). Guardo rollos y rollos de fotos, pero no los revelo. Será porque otras de las tareas en las que jamás logré consagrarme es como fotógrafa. El fuera de foco es mi marca de autor y termino desanimada. Hoy me doy maña en la cocina, pero en los primeros años de casada era una incompetente cocinera. Llegué a llamar a Doña Petrona a su casa!!! para que me ayudara en mi intento de hacerle rabas fritas a mi marido. Increíble pero real, encontré su teléfono en un libro de recetas, y me atendió muy amablemente. Pero las rabas me quedaron gomosas igual.
También era casi nula en el arte del tejido y ni hablar de la costura… Después fui mejorando, pero no consigo tejer sin ensuciar la lana NI TERMINAR A TIEMPO para que el sweater llegue en invierno y NO a mediados de enero. En fin. Las no-metamorfosis también tienen su lado bueno. Sigo siendo una lectora fiel, como el primer día. Los años sumaron títulos a mi biblioteca con historias fascinantes que a veces releo. Y sigo siendo una mamá muy cercana para mis hijos y una amiga leal de mis amigas, además de estar siempre ávida, SIEMPRE, de aprender y de saber. Eso sí que no va a cambiar nunca.

Alicia.

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