Columna de Opinion - Mujer de 60: Un viaje a Tucumán

Publicado por el 23 agosto, 2011 - Sin comentarios
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El remisero que me lleva dice la palabra “engañera”, hablando de la lluvia inesperada, y me hace acordar a la canción que cantaba mamá con la guitarra, cuando yo era chica (…ayer la he visto con otro, alegre la vi pasar, ganas tuve de gritarle: ¡engañera, dónde vas!). Me gusta su tonito provinciano, es un hombre de mediana edad, le pregunto de qué parte de la Argentina es y me dice: Tucumán.  “Qué lindo”, le digo yo, “cómo me gusta Tafí del Valle”. “¿Cuándo fue?”, pregunta. Le cuento que fuimos hace varios años con el coro a cantar a la Catedral de San Miguel (“¿A la Catedral?¡Ese es un lugar importante!”, me responde) y que después subimos a Tafí y un domingo cantamos en la pequeña capillita del lugar, para nosotros un recuerdo inolvidable: doce personas de público apenas, que parecían muchas más por la alegría y la emoción que mostraron por nuestro repertorio. Casi todos era indígenas, y uno me dijo que mientras oía la música le había gustado imaginarse que éramos ángeles caídos del cielo…

Fuente Imagen: fotopaises.com

El remisero me cuenta que la gente de esos lugares un tanto alejados agradece y disfruta más que ninguno.y le digo que me encanta conocer y hablar con esa gente. “Siempre termino pensando: qué cosa, es un argentino como yo, y en Buenos Aires ni me entero de su existencia…”, le digo.         “Es que la Argentina, señora, tiene una mezcla tan grande de raíces y linajes… Esos indios se mezclaron con mi papá, que era hindú, hijo de turco y se casó con mi mamá, tucumana, hija de españoles…”.     “¿Cómo llegó aquí su papá?” pregunto.   “Por aventura, salió a viajar por el mundo con unos amigos, tendrían unos 20 años. Se subieron a un barco y fueron haciendo distintos trabajos y bajando en un país y en otro y cambiando de barcos.  Y así hizo su camino mi papá, hasta que apareció en el campo en donde vivía mi mamá; habrá venido a hacer alguna changa, ni siquiera era la capital, estaban a 70 kilómetros.   Y se casaron.   El murió cuando yo tenía 10 años y no es tanto lo que recuerdo, pero mi hermano nos mostró el pasaporte del viejo y viendo todos los sellos de las ciudades en las que paró, pudimos ir sacando su paradero juvenil.               Mi mamá después se vino para Buenos Aires y hace 60 años que está aca, cumplió 90 en marzo.” “¿Y cómo está ella?”, le pregunto.   “Un poco apenas sordita de un lado, pero nada más. Ha tenido algo de presión alta, pero le compré un remedio y me dice: no, m’hijito, para qué voy a tomar esas cosas, si nunca las tomé…  Así que se arregla sola y a los pocos días se cura.”.   “Es que me la puedo imaginar muy bien”, le digo”debe haber sido sanísima, nunca una visita al médico, y no quiere que la hagan tomar nada raro… Debe tener firmeza esa mamá que se quedó viuda tan joven y se vino para acá…”.    “¡Mejor no se la imagine, mejor véala!”, me dice. Y orgulloso saca su celular y me prendé el videíto.   “Hola Carlitos… Hijo, espero ir pronto a verlo, eh.”.  Y el remisero me cuenta: “cuando lo escuchó mi hermano el Carlos, que vive en Tucumán se puso a llorar como un bebé, no podía parar.”  Le digo: “¡Cómo la quieren a su mamá!”.  “Y es que la madre es  el mejor regalo que se tiene en la vida!” me dice entre serio y emocionado.Qué amor es este hombre.  Después me habla de los paisajes tucumanos, que a veces parecen cuadros pintados a mano. “Hay que pararse a mirar los cerros después de la lluvia…”, cuenta.“Un gusto haberlo conocido”, le digo     “Y un gusto para mí”, contesta, “es lindo trabajar así. La gente no habla nada ahora. Todos están ensimismados, preocupados. Pero usted me regaló su tiempo por este rato…”.

Alicia. @Mujerde60

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