Columna de Opinion - Mujer de 60: Vocación de servicio

Publicado por el 20 septiembre, 2011 - 2 comentarios
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En mi familia tenemos la suerte de tener a mi madre, de 88 años, muy lúcida y conversadora -una de sus principales características de siempre-, orgullosa de sus hijos, nietos y bisnietos. Hace pocos días, tuvo un problema serio de salud y debió ser internada en la sala de Unidad Coronaria de un sanatorio. Tengo varias experiencias previas visitando a gente querida que fue derivada a estas salas, y volví a vivir la misma sensación de siempre: el mundo de afuera queda olvidado y lejano. La conexión con todos los pacientes, no únicamente nuestro pariente, es intensa; se crea una especie de comunidad que une a unos y otros: los pacientes, sus visitas y el cuerpo de médicos y enfermeras. ¿Cómo no va a ser así cuando estamos pegados a la enfermedad y la muerte? Y justo ayer leí una nota referida al trabajo que realizan los enfermeros y enfermeras con esfuerzo extremo, ayudando a los médicos. “Ellos curan, nosotros cuidamos”, dijo un entrevistado. ¿Qué es cuidarlos? Bañarlos, cambiarlos, darles el medicamento, tomarles la presión y la temperatura corporal: esas y otras decenas de tareas ayudan a mejorar a los pacientes y, entre tanta faena, la de escucharlos cuando quieren hablar.

 

 

Fuente Imagen: medicineamigo.com

Enseguida pensé en Pablo, uno de los enfermeros que cuidó a mamá, quien seguramente tuvo mucho que ver en la mejoría rápida de mamá… El día que entró a la sala, ni bien le preguntó por su edad -25 años-, mamá le dijo: “¡Qué lindo sos!” y arrancó con una de sus frases predilectas: “Podrías ser uno de mis nietos…”. A partir de ese momento, ella le fue contando que tenía 25 nietos (“…hoy estamos con el número 25!”) y 12 bisnietos, la más chiquitita chilena. Y que a veces se siente del siglo pasado, pero no del siglo XX… sino que se siente del XIX!!! Porque ve la cantidad de cambios enormes que hay y nunca pensó que era posible que ocurrieran algunas cosas que están pasando ahora. “Y no es que sea cerrada, al contrario, tengo la mente muy abierta. Lo que no cambio son mis ideas. Si alguien quiere cambiármelas, le va a ser MUY DIFÍCIL. Pero puedo hablar con todo respeto con cada uno y aceptar… Qué le voy a hacer… Mirá, nosotras antes nos casábamos vírgenes, pero ahora…Yo tenía 20 años y fue el único hombre de mi vida, no necesité otra cosa. Pero como te decía, no soy nada cerrada. Cuando estudié teatro, conocí y me hice amiga de varios gays, ¡qué amorosos eran! También fui una noche a un boliche gay, pero caímos en ese lugar sin saberlo. Se llamaba Gasoil, ahí cerca de la calle Córdoba, un lugar moderno, con el piso de adoquines. ¿Lo conocés?”. El enfermerito, que era muy educado y tímido, le contestó (y por primera vez pudo hablar): “No, me parece que no lo he visto…”.

 

El diálogo (¿qué digo?, el monólogo!!) habrá durado 20 o 25 minutos (“Qué casualidad, de nuevo ese número!”, diría mi adorada mamá). Imposible transcribirlo ahora; una lástima porque nos hubiéramos divertido… Pero hoy lo único que quiero es mostrar mi reconocimiento hacia Pablo, uno de tantos enfermeros con vocación de servicio férrea, y agradecer su entrega, que fue parte de la atención esmerada que recibió mi madre, y que logró que volviera a casa restablecida y animosa.

 

Alicia @Mujerde60

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