Actualidad - Mujeres que pisan fuerte: Violeta Parra

Publicado por el 26 octubre, 2015 - Sin comentarios
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Violeta Parra ha sido una mujer que marcó Chile y el resto de nuestro subcontinente a fuego. Esta cantautora, pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena es considerada una de las principales folcloristas en América y gran divulgadora de la música popular de su país. Hoy la recordamos.

Imagen vía: Disidentes

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Infancia

Violeta nació en Chile en 1917. Hija de de un profesor de música y una campesina, se crió en un hogar signado por la falta de recursos. Su infancia transcurrió principalmente en el campo. Su madre trabajaba como costurera para cooperar con la mantención de la numerosa familia. Durante su infancia, Violeta sufría continuamente de enfermedades. Tanto ella como sus hermanos revelaron precozmente su inclinación al espectáculo. Sin embargo, Violeta supo destacarse sobre el resto. Ya a los 9 años tocaba la guitarra y a los 12 componía sus propias canciones.

Llegada a Santiago

En 1931 fallece su padre, lo cual desembocó en que de a poco la familia se mudara a Santiago. Allí retomó los estudios en la Escuela Normal de Niñas, donde no se sintió a gusto, porque era el canto y no la escuela lo que le interesaba. Comenzó a cantar en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio junto con su hermana Hilda, en un dúo de música folclórica llamado Las Hermanas Parra, con lo que tenía una fuente de ingresos.
Violeta inició su carrera artística en el restaurante El Popular de Avenida Matucana #1080 —interpretando boleros,corridos, cuecas, rancheras y tonadas junto con sus hermanos Clara, Eduardo, Hilda y Roberto—; luego también en El Tordo Azul, ubicado enfrente. En estos espacios conoció a Luis Cereceda con quien se casó un año después y tuvo dos hijos: Ángel e Isabel, quienes luego se convirtieron en destacados músicos y adoptaron el apellido materno al ingresar en el ambiente artístico. El matrimonio no tardó en presentar inconvenientes, dado el carácter inquieto y lleno de distracciones de Violeta que no se acomodaba al ideal convencional de esposa. Se separaron en 1948, pero antes, Cereceda, que milita en el Partido Comunista, iniciaba a Violeta en la actividad política y ambos participan ayudando en la campaña presidencial de Gabriel González Videla (1946).

En 1949, nació su hija Carmen Luisa Arce Parra y ese mismo año contrajo matrimonio con el padre de la niña, Luis Arce. En 1952, nació su hija Rosita Clara, quien falleció dos años después. En la misma época, editó sus primeros discos junto con su hermana Hilda. Se trataba de grabaciones en formato single de canciones populares chilenas, como «El Caleuche», «La cueca del payaso» y «La viudita».

A principios de la década de 1950, comenzó su extensa labor de recopilación de tradiciones musicales en diversos barrios de Santiago y por todo el país. En estas andanzas, conoció a diversos poetas, incluyendo a Pablo Neruda y Pablo de Rokha. Su hermano Nicanor la estimuló a asumir con personalidad propia la defensa de la auténtica música chilena. Es así como su repertorio —hasta entonces basado en boleros, cantos españoles, corridos mexicanos y valses peruanos— pasa a las canciones más tradicionales del campo chileno, que le permiten descubrir los valores de la identidad nacional como ningún otro artista lo había hecho antes.

Esta labor de recopilación está plasmada en más de tres mil canciones, reunidas en el libro Cantos folclóricos chilenos y sus primeros discos en solitario.

Los primeros viajes

En 1953, grabó los exitosos sencillos «Casamiento de negros» y «Qué pena siente el alma», que se convirtieron en dos de sus canciones más conocidas. Al año siguiente, mantuvo en la Radio Chilena el programa Canta Violeta Parra, y ganó el Premio Caupolicána la folclorista del año, lo que le valió una invitación para presentarse en un festival juvenil en Varsovia, Polonia. Aprovechó este viaje para recorrer la Unión Soviética y partes de Europa. Fue particularmente provechosa su estancia en París, ya que allí grabó sus primeros larga duración (Guitare et chant: chants et danses du Chili, y una serie de canciones grabadas que se editarían en diversas compilaciones posteriormente), que incluían exclusivamente canciones recopiladas del folclore chileno. El éxito obtenido en Europa era inédito para cualquier artista chileno, y Violeta se llenó de inspiración y creatividad. Regresó a Chile en 1957 y en noviembre se fue con sus hijos Carmen Luisa y Ángel a Concepción, contratada por la universidad penquista. Allí fundó, al año siguiente, el Museo Nacional del Arte Folklórico y posteriormente regresó a Santiago.

Cuatro discos suyos aparecieron en ese periodo —Canto y guitarra (1957), Acompañada de guitarra (1958), La tonada y La cueca con varias de sus primeras composiciones. Acá asomaba la cantante preocupada de temas sociales («Yo canto a la diferencia»), la brillante constructora de décimas y composiciones poéticas («Verso por desengaño») y la musicalizadora de poemas («Cueca larga de los Meneses», de su hermano Nicanor).

Además, su actividad artística se diversificó: trabajó en cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras. Trabajó un tiempo en un museo de arte popular y folclórico que ella misma fomentó a crear en la Universidad de Concepción y luego viajó por casi todo Chile, ofreciendo cursos de folclore y recitales.
En 1964, logró una marca histórica al convertirse en la primera latinoamericana en exponer individualmente en el museo del Louvre. También escribió el libro Poesía popular de Los Andes, y la televisión suiza filmó el documental Violeta Parra, bordadora chilena, En este periodo, forjó una firme relación con el antropólogo y musicólogo suizo Gilbert Favre, el gran amor de su vida —con el que vivió en Ginebra, compartiendo su tiempo entre Francia y Suiza—, y destinatario de sus más importantes composiciones de amor y desamor: «Corazón maldito», «El gavilán, gavilán», «Qué he sacado con quererte», entre muchas otras.

Regreso a Chile

En junio de 1965, Violeta regresó a Chile. A fines de ese año, instaló una gran carpa con el plan de convertirla en un importante centro de cultura folclórica. Pese a su sueño de convertir la carpa en un referente para la cultura de Chile, la respuesta no fue muy motivadora y el público no la apoyó.

La indiferencia del público chileno fue uno de los factores que desencadenó su muerte. El final de su relación con Gilbert Favre, quien se marchó a Bolivia en 1966, originó una de sus canciones más conocidas, «Run Run se fue pa’l norte», y la dejó en un estado de ánimo muy vulnerable. Lo fue a ver a Bolivia y lo encontró casado.

Lanzado en 1966 y grabado junto con sus hijos y Alberto Zapicán, el disco Las últimas composiciones incluye sus himnos humanitarios «Gracias a la vida» y «Volver a los 17», además de otras canciones importantes y conocidas,.

Tras intentos fallidos, Violeta Parra se suicidó a los 49 años en su carpa de La Reina a las 17:40 del 5 de febrero de 1967.

Sin embargo, su enorme obra y legado siguen vigentes y forman parte de nuestra identidad como pueblo latinoamericano.

Violeta Parra, sin duda, una de esas mujeres que dejan huella a su paso.

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