Columna de Opinion - Perfil del hombre demandante

Publicado por el 18 julio, 2011 - 7 comentarios
Categorias : Columna de Opinion , mujer de 30 | Tags : , ,

Entre todos los infinitos modelos de hombres con los que Dios nos obsequió a las féminas, hay uno que encuentro particularmente interesante. El hombre demandante, ese que necesita tener siempre a la hija, la mujer o la hermana para “hacerme el tecito, que a vos te sale mejor que a nadie” y todo tipo de gestiones.

El primer hombre demandante que conoci es mi papá, así que conozco algo del tema. Mi progenitor es un hombre adorable y muy bueno, un padrazo, pero con algunas manías de demandante, a saber: 1) pedir el “guisquicito” a mi mamá justo cuando está trepada sobre la escalera bajando la ropa de invierno, en el piso de arriba, y tiene que
bajar 200 escalones para satisfacer su pedido. 2) preguntar ¿Quién me sacó la billetera?, y poner a toda la casa a buscarla, cuando todos sabemos que la perdió en algún rincón el solito. 3) Entrar 54 veces a las 6 am al cuarto a buscar algo que se olvidó, logrando que mi mamá se despierte con él.

Por supuesto no es sólo mi pobre padre el portante de estas simpáticas carácterísticas. Mi hermano, por ejemplo, me hacía salir del escritorio adonde estaba estudiando para llevarle el inhalámbrico a la pileta, adonde él estaba orondo disfrutando las vacaciones, y mi Tío Guille era capaz de despertar a mi hermana a las 7 “para que me hagas el tecito
de yuyos, que yo no se ¡¡¿ dónde está la pava!!??!!!

Por supuesto que el 50% de la dependencia de estos muchachos se debe a las mujeres que los malcriamos. Más de una vez escuché a mi mamá decir, mientras se desvelaba conmigo haciendo la valija a mi padre, que se iba de pesca con un número infinto de rheels, waiders, y cajas de mosca, justificarse diciendo “es que pobre, no sabe ni dónde tiene los pantalones”. O vi a mi abuela octogenaria levantarse más temprano para prepararle la ropa a mi abuelo. “El día que yo no esté, al Tatata lo van a comer las cucarachas, porque no sabe ni hacerse el mate”, suspiraba mi abuela. Mi suegra, por ejemplo, un día me recomendó cómo hacer las tostadas a mi novio, hasta que el saltó y dijo riendose “Mamá, yo a las tostadas me las hago yo desde hace años”. Mi santa suegra respondió: “Claro, es que yo a tu papá le llevo las tostadas hasta untadas”.

No estoy por esto haciendo un llamado a descuidar a nuestros hombres. Nada que ver. Me encanta mimar a mi papá y hasta me enternece tanto verlo con sus torpes manos tratar de preparar la comida, que me desarma y hago yo el trabajo. Está buenísimo mimar a nuestros muchachos, pero solamente observo con un poco de risa estas pequeñas escenas domésticas en las que es completamente normal ver a mi mamá fregando la ropa como loca, y de golpe salir corriendo para llevarle la soda con hielo al viejo, cómodamente echado viendo el partido por la tele. Pero como le dijo a mi amiga Cynthia una prominente ejecutiva india recién casada, que llegaba de la oficina, apagaba la blacberry y corría a hacerle masajes en los pies al marido, que llegaba exhausto del trabajo, pobre. “Mirá, nosotras seremos modernas y todas trabajamos, pero al hombre hay que atenderlo igual”. Y teniendo en cuenta la sabiduría de la milenaria cultura hindú y la baja tasa de divorcios en ese país, habrá que hacerle caso!!!!

Mechi.

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