mujer de 60 - Una corazonada de novela

Publicado por el 4 agosto, 2011 - Sin comentarios
Categorias : mujer de 60 , Trabajo | Tags : , , , ,

TEMA DEL DIA. Trabajo: Chismes de Oficina

Si no me equivoco, sacando a las de Corín Tellado, la mejor historia de amor que conozco es la que nació en una oficina, aunque parecía no tener el más mínimo futuro. Es la historia de Marcela y Jaime.
Jaime, el hijo del jefe, 24 años, soltero,  y una de las secretarias , Marcela, 25 años, casada, 2 hijas chiquitas, un marido que no tenía ninguna afinidad con ella y que desde hacía unos años hacía vida de separado, aunque vivía en el mismo departamento que su mujer. El  escenario fue un estudio de abogacía de mucho renombre.

Fuente Imagen: soysaludable.net

Todos los ojos estaban puestos en él, único hijo varón  de cinco hermanos, que terminaba brillantemente sus estudios de derecho, siguiendo la línea familiar.  Era buenmozo, inteligente, canchero y simpático. Un ganador con todas las letras. Pero no tenía  interés en ser el mejor abogado del mundo. Menos todavía en  casarse. Iba por la vida con intenciones de pasarla bien, nomás. Y a su modo: sin protocolos ni reglamentos y lo más lejos posible de las formas. Marcela trabajaba sin respiro, poniéndole todo el esfuerzo a la tarea, y al mismo tiempo, ya que iba apendiendo mucho sobre leyes, decidida a recibirse (algún día, sin urgencias porque lo más urgente era criar a sus chiquitas y mantenerse a ella misma sin ayuda de nadie). Creía que el hijo del jefe era un malcriado, un nene de papá, y cuando lo veía entrar y salir de la oficina, ponía distancia. Pero él siempre le hacía algún comentario mientras tocaba el botón del ascensor, y a Marcela le caían muy bien sus opiniones. El tipo tenía chispa, era original…  Después supo que él pensaba:” ¿qué le pasa a la veterana, que no te regala ni dos comentarios?”, mientras a ella el corazón le hacía toc toc toc con toda la fuerza.
Un jueves, él se quedó estudiando en el banco de la placita que quedaba justo enfrente al edificio en donde estaban las oficinas de su padre. Se sentó con sus apuntes, una botella de vino y una copa, y la invitó a Marcela a bajar a la hora del almuerzo, pero ella no quiso. Cuando lo miró desde la ventana del piso 8, el levantó a copa y le sonrió. Después le ofreció llevarla a su casa, porque él tenía un autito. Ese fue el territorio en donde  los dos se dieron cuenta de que podían escucharse hablar sin poses. Pudieron independizarse de sus propios recelos y siguieron una corazonada que los llevó a acercarse cada día más y  a enamorarse perdidamente uno del otro.
El camino no fue fácil pero pudieron ir venciendo todos los obstáculos, uno a uno: los padres de Jaime recibieron con cariño a Marcela y sus chicas. Pocos años después, cuando murió el marido, se casaron. Hubo 4 hijos más. El mes que viene cumplirán las bodas de oro.

Alicia.

 

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