Tema del dia - El paraiso no es un mito

Publicado por el 11 noviembre, 2011 - 3 comentarios
Categorias : Tema del dia , Viajes | Tags : , , ,

TEMA DEL DÍA. Viajes: Las mejores vacaciones de tu vida.

El último viaje que hicimos en familia, ya hace unos años, fue a Colombia: Cartagena, la Isla San Andrés y la capital. Bogotá nos encantó: inolvidables las calles, que ellos llaman “carreras”, del Barrio de la Candelaria ¡y el Museo del Oro! Fue en todo sentido una sorpresa maravillosa. No esperaba encontrarme con esa gente, mezcla de personajes de García Márquez con varios dobles del crespo futbolista Valderrama. Creí que Cartagena sería otro paraje en el Caribe como tantos, otra ciudad colonial de las ya vistas… ¡cómo me equivoqué!

Fuente Imagen: hotel3banderas.com

Tampoco me imaginé que nos íbamos a enamorar de los colombianos y su forma dulce y perfecta de hablar, ni sabía de ese eterno deseo de oir música y mover el cuerpo que tienen los niños y los viejos: bailando la cumbia junto a ellos, nosotros a la argentina, y ellos, TODOS, con la sensualidad de Shakira!! Al principio nos reíamos de verlos tan voluptuosos, tan “carnes al aire y lujuria en el andar”: ya fuese en la playa o en la ultrafamosa “chiva”, un autobus sin techo, super colorido que nos paseó por la ciudad mientras tomábamos ron y bailábamos adentro del bus (¡ al son de la música de rumba de un conjunto en vivo!).

Pronto se nos pegó esa libertad y ahí, todos en nuestro mejor rol de “ya-no-somos-turistas”, nos dimos cuenta de que LA FELICIDAD TOTAL NO ES UN MITO. Que Cartagena, una prima lejana de la ciudad uruguaya de Colonia, es una de las ciudades coloniales más lindas de América, con sus callecitas angostas, sus paredes pintadas en colores vibrantes que a su vez salpican con más color las flores que caen desde cada balcón: las Santa Rita violetas, blancas o lilas,  las bignonias rosadas, los azahares y los helechos… Caminando por ahí, vimos al panadero que iba con enorme canasto en la bicicleta y avisaba a los vecinos; desde el balcón, ellos bajaban una soga que traía atada una canasta y ahí recibían el pan del día. Cientos de balconcitos: con rejas simples o torneadas, en hierro o madera, talladas con torno o a mano,  joyitas que nos hicieron pensar en aquellas mujeres que vivían encerradas en tiempos de piratas, muertas de miedo ante la aparición de alguno que se las llevara con ellos.

De Cartagena pasamos a San Andrés, la isla que rodea el mar más turquesa que alguien pueda imaginarse, y si algo faltaba para el disfrute total, ahí lo encontramos, instalados en ese paraíso como si estuviéramos en casa y la playa fuera de nosotros. Estaba al pie del hotel y cada vez que necesitábamos un libro, un bronceador o un rato de descanso sin sol, entrábamos a nuestros dormitorios tranquilamente, con la sensación de haber vivido siempre en ese lugar. “Si me muero ahora, ni se les ocurra llorar por mí”, les dije a mis hijos un día en la playa, mientras veíamos ponerse el sol.  Y regresamos a casa vivitos y coleando, con una sonrisa en la boca y seguros de que volveríamos…

@Mujerde60

 

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